Mi esposo, mis dos hijos casados que viven cerca, las nueras, los nietos los domingos — cocino para todos. Pensé que el programa me iba a obligar a hacer dos comidas, una para mí y otra para ellos. No. Aprendí que las recetas mexicanas de verdad — las de mi abuela, no las industriales — sirven para mí también. Mi familia ahora come lo mismo que yo. Nadie protesta.