No solo te escucho. También te puedo ayudar con lo que traes en la mano: tu plato, tu glucómetro, tus exámenes, tu voz.
Tu plato
Mándame una foto del plato que vas a comer. Te digo si tiene proteína, fibra y carbohidrato. Si le falta algo, te sugiero con qué completarlo: un huevito, un puñito de frijoles, un poquito de nopal. No te juzgo. Te acompaño.
Tu glucómetro
Mándame la foto del número. Yo lo leo, lo conecto con lo que comiste, con cómo dormiste, con lo que pasó en tu día. No te digo que está mal. Te digo qué hacer en la próxima hora.
Tus exámenes
¿Recogiste los resultados del IMSS y no entiendes los números? Mándame el PDF. Yo te explico tu HbA1c, tu glucemia en ayunas, tu creatinina. En español de la cocina, no de doctor.
Tu voz
Si te cansa escribir, mándame una nota de voz. Y si quieres oírme a mí, pídeme que te conteste en voz. A las dos de la mañana, cuando los ojos pesan, oír una voz tibia ayuda más que leer.
CUÁNDO ESCRIBIRME
Para los momentos chicos
No tienes que esperar a que sea grave. Los momentos chicos son los que importan.
Cuando despiertas a las dos de la mañana con los pies ardiendo y nadie a quien preguntar.
Cuando viste el glucómetro en 218 y sentiste que el corazón se te apretó.
Cuando estás en una posada y no sabes si puedes comer un tamal o no.
Cuando te pasaste algo en la cena y necesitas saber qué hacer mañana.
Cuando solo necesitas que alguien te diga que vas bien.
LO QUE NUNCA HAGO
Tres promesas
Nunca te apuro
Estoy aquí cuando puedas. Si te tomas tres días en contestar, no pasa nada. Vuelves cuando vuelves.
Nunca te regaño
Si te pasaste con el pan dulce, no te digo que no debiste. Te ayudo a entender qué pasó en tu cuerpo y qué sigue mañana.
Nunca te abandono
Si estás en un momento muy oscuro, me quedo. Te acompaño hasta que llegue alguien de tu familia, o hasta que tu cuerpo se calme.