Una hoja para imprimir, llenar con tu propia letra y colgar donde la veas todos los días. Es tu palabra contigo misma — el ritual de entrada de las ocho semanas.
Imprime, dobla, métela en la bolsa. Lo que sí va al carrito, lo que queda en el estante. Organizada por categoría — para que el mercado deje de ser una trampa.
Once páginas para cuando estás fuera de casa con hambre y prisa. Qué pedir en el OXXO, el tianguis, la fonda, la reunión sin aviso. Imprime y guarda en tu bolsa.
Tres páginas para mirar de frente lo que viene de atrás. Las mujeres de tu familia que también tuvieron el azúcar. No es para asustarte. Es para que veas que tu nombre puede ser el último de la cadena.
Ocho cartas, una por semana. Lo que querías decirle a tu hija, a tu nieto, a quien te acompaña, sin saber cómo. Las copias. Las mandas por WhatsApp. O las imprimes y las das en la mano.
Once páginas para distinguir lo urgente de lo normal. Cuándo ir al hospital, cuándo llamar al médico, cuándo respirar. Imprime y pega en el refrigerador.
Cincuenta recetas mexicanas que tu cuerpo conoce. Caldo de pollo, frijoles de la olla, nopalitos, agua de jamaica. Comida de verdad — la que sí puedes comer.
Nueve páginas para cuidarte sin vaciar la cartera. Lo que el IMSS te da gratis, dónde comprar tiras más baratas y proteína que rinde. Cuidarte no es para ricos.
Trece páginas para disfrutar cada fiesta del año sin descontrolarte. Del pan de muerto a las posadas, del pozole a la rosca de reyes. Con un plan, todo cabe.